El hospital público que salvó a una mujer a la que operaron en su propia casa

“Lo barato sale caro. Casi me muero por estar más bonita”, dice Rosario Martínez, tres paros cardiacos y 18 cirugías después de que decidiera hacerse una cirugía de garaje. A esta mujer de 50 años le aplicaron biopolímeros en sus glúteos, acostada en su propia cama, porque quería verse mejor.

Rosario decidió contratar a su esteticista y peluquero de confianza para que a un bajo costo le aumentara el tamaño de sus glúteos. Fue así como en su casa, y en compañía de su sobrina, dejó que su esteticista fuera inyectado poco a poco una extraña sustancia que le permitió ver resultados inmediatos.

“Solo me cobró $500.000. Ese día él me empezó a inyectar y a medida que lo hacía, el dolor y ardor eran insoportables, pero él me decía que esto era normal que la anestesia que me aplicó no había hecho ningún efecto”, dijo Rosario.

Allí en la habitación que se convirtió en una improvisada sala de cirugías, el procedimiento fue realizado sin contar con los requisititos mínimos de higiene para garantizar la vida y salud de esta mujer.

Luego de cinco días, su salud cambió: dolor, inflamación y fiebre incontrolables empezaron a poner en riesgo la vida de Rosario. Su sobrina la vio tan mal que llamó al esteticista, quien les aconsejo que se fueran por urgencias del hospital Santa Clara.

Según Alejandro Déniz, médico especialista en cirugía reconstructiva del hospital Santa Clara, el lamentable cuadro clínico de la paciente hizo que el equipo médico especialista decidiera de manera inmediata ordenar una intervención quirúrgica.

“Le retiramos el 80% del glúteo izquierdo porque estaba totalmente necrosado. La sustancia que le inyectaron se expandió por toda la espalda, vagina e ingle, afectando varios órganos vitales, entre ellos los riñones y pulmones”, dijo

Posteriormente, fue hospitalizada en la Unidad de Cuidados Intensivos de la USS Santa, donde a lo largo su estancia y con el apoyo diario del equipo médico y asistencial, esta mujer logró superar tres paros cardíacos y más de 10 cirugías para lavar la herida y retirar toda la piel dañada por el biopolímero.

Hoy Rosario, quien ya está fuera de peligro, invita a las personas a que no se inyecten ningún tipo de sustancia y acudan a cirujanos plásticos certificados.

“Estas son las consecuencias por no haberme asesorado. Le doy gracias a Dios y a los médicos por salvarme la vida. Por favor no atenten contra su cuerpo por ahorrase unos pesos”, dice Rosario, a quien le faltan más de seis cirugías durante los próximos tres años.

Según Déniz, en los últimos tres años han fallecido seis personas por inyectarse sustancias en senos, pecho y glúteos. Asimismo, han estado 15 pacientes bajo el mismo diagnóstico.

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