Localidad de Usme

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Lunes, Abril 21, 2014 - 17:11

Con comparsas, talleres de educación ambiental, show de títeres, y teatro, la alcaldía local de Usme festejará el próximo sábado 26 de abril de 2014, el día...

Miércoles, Abril 16, 2014 - 11:22

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Lunes, Abril 14, 2014 - 19:52

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Viernes, Abril 4, 2014 - 17:02

La Secretaría Distrital de Ambiente -SDA- realizó operativos de control y seguimiento a varias industrias ubicadas al Sur de la ciudad.

Martes, Abril 1, 2014 - 18:42

La Alcaldía Local de Usme y el Hospital de Usme invitan a la población de la localidad a inscribirse en los convenios que se han generado en torno a la...

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Reseña Histórica

La localidad de Usme fue fundada en 1650, bajo el nombre de San Pedro de Usme, convirtiéndose en centro de una zona rural dedicada primordialmente a la actividad agrícola, la cual proveía parte importante de los alimentos de la capital. Su nombre proviene de una indígena llamada Usminia (vocablo chibcha), la cual estaba ligada a los romances de los caciques de la época.

Romances que continuaron ligados a esta localidad en la época colonial, como ocurre con aquel pasaje de María Lugarda de Ospina, la Marichuela, quien entabló un tempestuoso amor con el Virrey Solis, lo que le costó ser desterrada por la sociedad santafereña para las selvas de Usme. El Virrey, para poderla acompañar, fundó la hacienda, Las Manas, en un latifundio relativamente grande, en lo que hoy son los barrios de Santa Lucia, Tunjuelito, Brazuelos, Marichuela, hasta la quebrada Yomasa, barrios Santa Marta, la Fiscala, Barranquillita, el Recuerdo y el Pedregal.

En el año de 1911 se convierte en municipio, con el nombre de Usme, destacándose a la vez, por los conflictos y luchas entre colonos, arrendatarios y aparceros por la tenencia de la tierra. Aunque estos no alcanzaron el carácter de sangrientos, tuvieron violentas formas de presión contra los arrendatarios, quienes se negaban a cumplir sus obligaciones con la hacienda. situación que cambia a mediados de siglo, se parcelan las tierras que eran destinadas a la producción agrícola para dar paso a la explotación en forma artesanal de materiales para la construcción, convirtiendo la zona en fuente importante de recursos para la urbanización de lo que es hoy Bogotá.

De igual forma, en el año 1954 mediante la ordenanza 7 de la asamblea de Cundinamarca, se suprime como municipio y su territorio es incorporado al distrito especial de Bogotá y mediante decreto 3640 del mismo año se incorpora dentro de la nomenclatura de Bogotá como la alcaldía quinta.
 
En el año de 1975 se incluye en el perímetro urbano, perteneciendo desde ese momento al circuito judicial, a la circunscripción electoral y al circuito de registro y notariado de Bogotá. más adelante, con el acuerdo 15 de 1993, el concejo de Bogotá definió sus límites.

Posteriormente, la constitución de 1991 le dio a Bogotá el carácter de distrito capital; en 1992 la ley 1a reglamentó las funciones de las juntas administradoras locales (JAL), de los fondos de desarrollo local y de los alcaldes locales y, determinó la asignación presupuestal de las localidades. por medio de los acuerdos 2 y 6 de 1992, el concejo distrital, definió el número, la jurisdicción y las competencias de las JAL.

Bajo esta normativa se constituyó la alcaldía menor de Usme, conservando sus límites y nomenclatura, administrada por el alcalde local y la junta administradora local compuesta por 9 ediles.

Finalmente, el Decreto Ley 1421 determina el régimen político, administrativo y fiscal bajo el cual operan hasta hoy las localidades del Distrito.
 

Historia del Poblamiento de Usme

Usme (Use-me), expresión chibcha que significa tu-nido, o "nido de amor", como prefiere definirlo don Gerardo Santafé, persona de la comunidad que ha recuperado la historia local.

Es el breve pero significativo nombre que sintetiza la historia de muchos hombres y mujeres que insisten en construir un proyecto de vida digno en medio de las contrariedades que el caótico desarrollo capitalino depara.

En su historia confluyen importantes capítulos del devenir colombiano: Usme fue el camino hacia lugares de peregrinación indígena, fue el lugar de solaz de virreyes y oidores españoles, quienes dejaron huellas, a veces demasiado borrosas en el imaginario de las generaciones posteriores, al ser protagonistas de recordados episodios inscritos en lagunas, caminos, montañas y casas viejas'.

Usme nos cuenta historias sagradas y eventos pasionales; nos habla de proyectos de vida en la cotidianidad de la pobreza y de gestas de miles de individuos que no abandonan la esperanza de alcanzar un mundo próximo a sus sueños después de verse obligados a abandonar sus viviendas, cultivos y tierras, huyendo de la violencia tan extendida en muchos rincones del país.

Las referencias sobre las prístinas formas de poblamiento en el área del Sumapaz son escasas. Gracias a las crónicas, relatos de viajes y referencias indirectas, se ha podido establecer que dichas comarcas eran habitadas por comunidades indígenas próximas a la gran familia lingüística de los chibchas: "Los sutagaos(...) se expandieron hasta las heladas alturas del páramo de la Suma Paz.

El centro poblado propiamente dicho de los sutagaos era la región entre el río de la Suma Paz y el río de Pasea, pero los dos, los sumapaces, los cundáis, que vivían al sur de ellos estaban bajo su dominio, tal vez también emparentados con ellos"

De esta manera, el proceso de poblamiento del área que hoy comprende la localidad de Usme se puede remitir al poblamiento mismo de la zona montañosa del país, en la época prehispánica.

Dicha área está circunscrita dentro del espacio de desenvolvimiento de la civilización muisca. Así, el valle del río Tunjuelo fue entonces uno de los centros de desarrollo de la cultura asentada en la sabana y aunque comparativamente marginal, frente a los epicentros de desarrollo económico, social, político y cultural, ubicados en sectores aledaños, constituye un importante espacio de desarrollo de las actividades agrícolas de los originales pobladores del hábitat andino y, sobre todo, un reconocido paso hacia puntos de peregrinación de los indígenas.

Regiones como el páramo de Sumapaz y en general el valle alto del río Tunjuelo tienen para la población anterior a la llegada de los europeos un significado diferente a las regiones más planas, predominantemente agrícolas y ubicadas en el norte: el páramo es, ante todo, lugar de peregrinación de los indígenas para la ejecución de las prácticas rituales asociadas a las lagunas y el agua.

El nacimiento de dicho río, y algunas lagunas más, poseen, en tal sentido, una riqueza arqueológica de primer orden para los investigadores, dados los prolíficos hallazgos de tunjos y otros elementos rituales asociados a ritos de purificación y a prácticas funerarias.

A pesar de la presencia de importantes actividades extractivas como la caza, la pesca, la minería, los tejidos y la alfarería, la agricultura fue la base de la economía de aquel mundo indígena y de su organización social. Esta última incluía un complejo sistema de división del trabajo de género social, a través del sistema de clanes.

Aunque las relaciones de tipo clánico se suponen igualitarias, de colaboración y ayuda mutua, las relaciones con los caciques eran de sujeción y dependencia, sobre todo por el fenómeno del tributo.

Algunos sistemas de "ayuda mutua" en las tareas productivas de los campesinos andinos se han identificado con mecanismos similares desarrollados en otras comunidades indígenas prehispánicas. Todas estas actividades estaban determinadas por un muy desarrollo tecnológico incipiente: el empleo de la agricultura del fuego, con rústicas herramientas como los palos escarbadores de siembra, y las macanas de piedra y de hueso.

La ausencia de empleo de animales de tiro para dichas faenas impidió el desarrollo del arado: sus medios tecnológicos se basaban, por tanto, en el despliegue de la energía humana. Sin embargo, un incipiente desarrollo en tal sentido se sustentaba en sistemas de explotación respaldados por la acumulación de conocimientos agrícolas, geográficos y climáticos, el manejo de cultivos asociados, el uso de canales de riego y terrazas de cultivo.

El sistema político-administrativo confederado permitía una autonomía relativa de diferentes agrupaciones humanas que sin embargo, mantenían, estrechos lazos en razón de vínculos político religiosos, del universo lingüístico común, de la identidad en la ascendencia y del sistema de intercambios entre las pequeñas aldeas indígenas.

Las incursiones de los conquistadores europeos tuvieron en la zona una ocurrencia temprana, como se constata en las crónicas sobre la expedición de Nicolás de Federmán, quien prosiguiendo los avances de Jorge de Espira, quien penetró desde la cuenca del río Papamene, en el sur del macizo, hasta la altiplanicie de Bogotá.

Ahora bien, con el advenimiento de los conquistadores y posteriores colonizadores europeos, la organización de la producción agrícola implicó la ampliación de hábitos de consumo de las comunidades indígenas y la incorporación de productos y técnicas agrícolas características de la península ibérica.

Entre tales técnicas sobresale la presencia del arado surcador, jalado por yuntas de bueyes, en el llamado complejo del azadón y el arado rudimentario (Fals Borda, 1973) que incluía herramientas corno el hacha, la hoz, la pica, el arado de madero o "chuzo", el machete y otras que reemplazaron de manera efectiva a las palas de madera y a las hachas de piedra, principales herramientas agrícolas de cuño indígena.

Los territorios aquí considerados, como buena parte de la región central de los andes colombianos, fueron objeto de la implantación y desarrollo típico de las instituciones coloniales españolas: el establecimiento de las encomiendas, una vez reducidos los habitantes vernáculos, se convierte en el sistema general de explotación económica y control político en el área.

La instauración de las encomiendas supone la implantación de un sistema de adhesión autoritaria y de sumisión paternalista donde el prestigio del encomendero (antes conquistador) se fundamenta en el poder conferido por la Corona española sobre los naturales y sobre un territorio y en su capacidad de lucrarse del trabajo de ellos.

Lejos de implicar el desarrollo de las fuerzas productivas existentes en el contexto americano, se fundaba en la captación de rentas (vía tributaria) del trabajo indígena, con base en el esquema de organización social de los aborígenes.