Costurero de la memoria: el lugar donde las víctimas de la violencia tejen su esperanza

Blanca Nubia Díaz siempre lleva consigo la imagen de su hija Iris, asesinada por grupos paramilitares en la Guajira.  Tenía 15 años. “Cuando no me pongo la camiseta, la llevo en un botón. Siempre le pido que me acompañe”.

Mientras borda, Blanca recuerda su vida como parte de la etnia wayuu, la cual tuvo que abandonar por desplazamiento luego de la muerte de Iris, y de varios miembros de su familia.

“Para mí el costurero ha sido una fortaleza, una vivencia, un camino bonito”, asegura mientras maneja hábilmente los hilos de colores vivos, con los que realiza una tela para el homenaje de su hija, que será en mayo.

Como Blanca, alrededor de 20 mujeres se reúnen cada jueves en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación del Distrito para bordar en contra del olvido en el costurero de la memoria, un espacio en el que no solo se cuentan las pérdidas, sino que se construye arte y vida.

“Estamos unidas en el dolor y la tristeza, pero también, lo más grande, y algo que nos ha fortalecido mucho es la esperanza, los sueños de construcción de un mejor país”, dice Lilia Yaya, una de las participantes del grupo,  y víctima de la persecución contra la Unión Patriótica, pues su padre fue asesinado por ser parte de este grupo político en 1989.

En el costurero se encuentran mujeres víctimas de diferentes actores armados y de diversas regiones del país como Chocó, la Guajira, entre otras. Las madres de Soacha también hacen parte de este taller de memoria, que ya ha salido de los muros del Centro para hacer pedagogía con estudiantes de colegios distritales.

“Estamos contando cada una nuestra historia, porque ¿cuál es nuestra pretensión? Que se conozca la verdad desde las voces de las víctimas, dejando atrás la rabia y el resentimiento”, asegura Lilia.

La experiencia de compartir su duelo  con los niños y jóvenes fue importante para su proceso de reparación. “Se sintieron importantes, transformadoras y sintieron que sus hijos eran dignificados cada vez que se relacionaban con los estudiantes”, afirmó Francisco Bustamante, coordinador del proyecto.

El costurero: kilómetros de vida y memoria

La idea de conformar un costurero de la memoria nació en 2007 por parte de varias organizaciones sociales, entre ellas la asociación Minga y la fundación Manuel Cepeda.

Una de las experiencias que inspiró el proyecto fue la propuesta de una mujer víctima del Putumayo para el proyecto de la galería de la memoria. “Ella no quería volver a su región, entonces sacó toda la ropa de sus cuatro hijas asesinadas por los paramilitares, la volvió retazos y los comenzó a unir en una colcha. Esto nos sirvió de idea para sentarnos y configurar el costurero” aseguró Bustamante.

Hace tres años comenzó a funcionar en firme el costurero, con una propuesta que ganó una beca por parte del Centro Nacional de Memoria Histórica, y que tenía como objetivo juntar varias telas con la memoria de las víctimas para envolver el Palacio de Justicia.

“Todavía no hemos cumplido la meta, pero ahí vamos, lo importante es no perder el entusiasmo”, afirmó Virgelina Chará, una de las líderes del proyecto.

Desde ese momento, el costurero ha recibido varios reconocimientos por su trabajo con las víctimas del conflicto, entre ellos una mención de honor del Premio Franco Alemán de Derechos Humanos 2015.

“Hemos querido llamarlo ‘Kilómetros de vida y de memoria’, para hablar un poco del desplazamiento, el recorrido de las víctimas para buscar a sus muertos y desaparecidos, y también porque queremos juntar telas para que se conviertan en kilómetros de memoria”, explicó Bustamante.

Un dolor que transforma

El espacio del costurero se ha convertido para las víctimas en una forma de dignificar su dolor, sanarse, hacer una denuncia y construir futuro.

“Lo que hacemos en el costurero es una política pública, una política de denuncia, de construcción de memoria y también es una propuesta psicosocial. Más allá de que yo denuncio lo que me pasó, también ayudo a otras compañeras a que lo hagan, y al mismo tiempo superar el duelo”, dijo Virgelina.

Para estas 20 mujeres el camino apenas comienza, pues se preparan para que su memoria se convierta en un proyecto de emprendimiento.

“Esta es una forma de sentirse reparado y reconciliado con la sociedad, por eso considero que este espacio del costurero debe continuar en Bogotá. Además estamos a las puertas de un nuevo proceso para el país: el de la construcción de la memoria del conflicto”, afirmó Lilia.

Mientras tanto, estas víctimas siguen resistiendo el olvido, escribiendo su historia con hilos y agujas, luchando por la dignidad y la verdad.

“Uno tiene que tener miedo, pero no vivir con él. Yo ahora me siento una mujer fuerte”, dice Blanca terminando una puntada de su tela.

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