La verdad del caso de los peces del Atlantis Plaza

El 2 de enero pasado se hizo un operativo en el Centro Comercial Atlantis Plaza, después de que varios ciudadanos denunciaran la tenencia de 40 especies marinas que habían sido traídas ilegalmente desde el Océano Índico. El operativo lo hizo la Subdirección de Silvicultura, Flora y Fauna de la Secretaría Distrital de Ambiente, y empezó por pedir los permisos que tenía el centro comercial para tener estas especies, que habían llegado al país desde las Islas Fiji, China y Australia.

Efectivamente los animales estaban en el acuario privado de este lugar sin permiso, y vulneraban así el Convenio de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, al que Colombia está suscrita. Por esa razón, los animales fueron incautados y llevados al Centro de Flora y Fauna Silvestre, al cual llegaron con vida y en las mejores condiciones de bienestar animal posibles.

Cuando el caso se hizo público, varias organizaciones defensoras del medio ambiente pidieron a la Secretaría sumo cuidado con el manejo de estas especies, pues por tratarse de especies foráneas podían poner en grave riesgo los ecosistemas locales colombianos.

No se puede desconocer el impacto que puede llegar a generar el ingreso al país de especimenes exóticos. Se amenaza la biodiversidad y la conservación de los ecosistemas, además de que estas especies pueden introducir enfermedades y parásitos a los animales nativos. Es realmente muy grave, pues estos animales foráneos se comportan principalmente como depredadores, alterando el equilibrio biológico de un país tan rico y diverso como el nuestro.

De hecho Conservación Internacional, una importante organización defensora de los derechos de los animales presente en 40 países, expresó los enormes riesgos que podían acarrear estas especies en el país. Fabio Arjona, vicepresidente de aquella, aseguró que mantener estos peces en el país, incluso en un acuario, podría traer riesgos enormes como ocurrió con el pez león, la rana toro y el caracol africano.

“Independientemente de lo que nos toque el tema en lo personal, la autoridad ambiental actuó conforme con la ley, en el tema de controlar la introducción de peces foráneos. Hay especies introducidas que se han convertido en una enorme amenaza, en los alrededores de Bogotá pasó con la rana toro, a la que trajeron para hacer explotación de ancas de rana, y eso come hasta perros. Ha sido un desastre ambiental”, recordó Arjona.

Ante todos estos riesgos la decisión de Ambiente fue la de sacrificar estas especies aplicando técnicas humanitarias e indoloras y contando en todo momento con la asesoría de biólogos expertos en la materia. Pero esta no es la primera vez que se sacrifican animales en Bogotá, en los últimos años se ha practicado este tipo de procedimientos a 830 especimenes en el año 2011; 236 en 2012; 205 en 2013; 120 en 2014; 278 en 2015; y 183 en 2016.

Es muy grave tener especimenes prohibidos como mascotas o en exhibiciones ilegales, como en el caso del mencionado centro comercial. Esta práctica, además de ser una condena de muerte para los animales, pone en grave peligro el frágil equilibrio medioambiental en un país tan biodiverso como Colombia y sus efectos pueden ser catastróficos para la fauna y la flora durante muchos años.

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