La chicha: la bebida de los dioses se trasladó a la cultura Bogotana

La tradicional bebida indígena se convirtió en un icono de la naciente Bogotá durante el tiempo de la colonia. Alrededor de ella se conmemoraban las más importantes ceremonias y rituales religiosos  que luego dieron paso a toda una sociedad que consumía, por placer o por costumbre, el vicio indígena.

En la actualidad, esta bebida sigue representando el motivo de alegría en los barrios populares de la ciudad, especialmente en la Perseverancia, en donde se adueñaron del legado indígena y se inventaron el 9 de octubre de 1988 el primer festival de "La chicha, la vida y la dicha". La iniciativa fue de los Vikingos, una asociación comunitaria con larga trayectoria en el sector.

"Antes la gente se reunía en las chicherías para hacer sus festejos y descubrimos que para contar la historia de la Perseverancia, teníamos que remitirnos a estos lugares. El festival lo realizamos inicialmente como un homenaje a las personas más antiguas del barrio ya que vimos que la chicha les evocaba mucha alegría" dice Luís Eduardo Ruiz Murcia representante legal de los Vikingos.

Y no solo a los habitantes de la Perseverancia les producía dicha porque la chicha también  fue la bebida elegida por los indígenas y sus dioses para salir de la rutina. Su dulce sabor a maíz y su fuerte fermentación, fueron los ingredientes del elixir utilizado para olvidar las penas y alegrarse mientras el efecto perdurara. Según la leyenda indígena la chicha fue un homenaje a una mujer indígena que,  desesperada por el castigo que recibió al serle infiel a su marido, huyó a la laguna Guatavita  teniendo como único consuelo el fermento del maíz que encontró en las laderas del estanque.

Alrededor de las llamadas "Chicherías" lugar de venta de este derivado del maíz, se realizaban festejos y servían como lugar de esparcimiento de los habitantes citadinos, en donde quienes tomaban más de la cuenta contaban profundos secretos y se metían en más de un lío.

Este fue uno de los motivos por el cual se generaron muchas inconformidades con su consumo, pues además de ser espacios en donde se propiciaba el desorden público, su forma de producción era ajena a las normas  básicas de higiene. Muchas chicherías preparaban su producto en vasijas de barro sucias, destapadas y con poca supervisión, tanto así que era frecuente encontrar insectos y objetos en la  bebida. Algunos dueños de chicherías, también seguían la tradición indígena de masticar los granos de maíz y añadir esta mezcla al producto final, pues se creía que la saliva ayudaba a dar un mejor sabor y a una pronta fermentación.

La tradición en la Perseverancia

El barrio de La Perseverancia, en la localidad de Santa Fe,  es uno de los más veteranos en la historia de la ciudad de Bogotá, su fundación e historia encierra un mundo de particularidades que lo hacen no solo novedoso sino trascendental en cuanto a la construcción de la tradición capitalina. En él se celebra el festival de la chicha, evento que reúne a un aproximado de 10 000 de personas de diversas ciudades del país y fuera de él. Entre guisos, sancochos y por su puesto mucha chicha, sus habitantes festejan el vicio indígena.  

La historia de la Perseverancia nace a partir de la chicha. Sus fundadores, campesinos empleados de la fábrica Bavaria de Leo Kopp, se dedicaron no solo a ser parte del seleccionado grupo de trabajadores de la empresa de cerveza más importante del país, sino también a ser consumidores innatos de la tradicional bebida indígena. Ya fuera cerveza o chicha, en la Perseverancia siempre se tenía una bebida para celebrar.

En este barrio funcionaron tres de las más importantes chicherías de Bogotá: las Violetas, las Orquídeas y la Campana ubicada en la calle 32 con carrera 6ª  propiedad del presidente Alfonso López Pumarejo.

"Yo he vivido toda mi vida en la Perseverancia. Comencé a hacer chicha porque veía a mi madre y a mi abuela. Cuando tenía 15 años, yo ayudaba a moler. Ellas venían del campo, de Machetá y de Pacho, Cundinamarca, de allá lo aprendieron" dice Ana teresa Torres de 71 años, vendedora y fabricante de chicha.

Cargados de esta tradición, en el año de 1987 un grupo de jóvenes y parte de la comunidad, decidieron inaugurar la Asociación de los Vikingos, actualmente encargada de realizar cada año el festival de la "La chicha, la vida y la dicha". En el festival, se dan las muestras más ingeniosas de productos hechos de maíz, una gran variedad de menús gastronómicos, bailes, teatros, discursos y juegos entre la comunidad; además se enseñan las normas de higiene para la preparación de la bebida y se le enseña a los novatos cómo se produce el elixir.

"La elaboración de la chicha es controlada por la secretaría de salud, se hace manipulación de alimentos, se buscan los sitios en donde la van a preparar y continuamente la Secretaría está haciendo visitas para que la chicha salga higiénicamente" dice  Luís Alberto García, representante legal de la Casa de la Cultura del barrio La Perseverancia.

El festival de la chicha ha llegado a ser tan importante que el 24 de junio de 2004 fue declarado como "evento de interés cultural" por el Concejo de Bogota, en un esfuerzo por reunir un completo legado de tradiciones milenarias que ha subsistido, a pesar de múltiples intentos de extinción, como un símbolo que representa el pasado y presente de toda una colectividad.

Una bebida emblemática

 Durante la colonia, el vicio indígena recibió más prohibiciones que halagos, pero ni aún así, quienes la consideraban una bebida de mala influencia para la sociedad, inmoral y amiga de los conflictos callejeros, lograron erradicarla. Se dice que en Bogotá había más de 800 chicherías a finales del siglo y se consumían más de 50 millones de litros por año.


La propagación se debía al bajo costo de la bebida, hecha en la mayoría de los casos en pequeñas fábricas clandestinas o en los hogares, al no pago de impuestos de fabricación y distribución, y también a lo fácil de su preparación.
Durante el "Bogotazo" se llegó a pensar que una de las causas principales del  caos popular de ese día se debió a la falta de lucidez de las personas a causa de la chicha. "Después del 9 de abril hubo mucha persecución a la chicha y por eso duró un tiempo en tinieblas. La gente pensaba que la chicha estaba muerta, pero los Vikingos nos dimos cuenta de que solo  estaba en estado de coma" dice Ruíz.

Se pensó que erradicar esta deliciosa bebida sería casi un mito, y en la actualidad se confirma que sí lo fue, ya que la bebida de los dioses sigue seduciendo a más de un bogotano.

¿Cómo se prepara esta bebida?  El maíz cocido debe ser molido o licuado hasta lograr el espesor deseado. Se le agrega azúcar al gusto y se deja fermentar de siete a ocho días dependiendo al grado de licor que lo desee. Debe ser servido, en un recipiente de vidrio preferiblemente.

Dato curioso...
Después de la Independencia, las reservas de chicha llegaron a ser superiores a las de agua. Por año, los bogotanos consumían 50 millones de litros de la bebida indígena, más que el mismo recurso hídrico.


Dina Paola Hernández  Redactora Portal Bogotá
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