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“Mi madre fue el mejor ejemplo para ser un Ángel Azul”

Mar, 05/29/2018 - 16:05

Angie Shadybeth se siente orgullosa de ser un Ángel Azul de la Secretaría Social.

Angie Shadybeth se levanta temprano para cumplir dos experiencias de vida que Dios le ha brindado. La primera, responder por el cuidado de sus dos hijos. Como madre soltera ha sido la responsable de sacar adelante a Juan, de 17 años, y a Ana María, de 19. Aunque según ellos ya están algo ‘grandecitos’, para ella como madre siguen siendo y serán sus bebés.

La otra misión, la que lleva más de diez años ejerciendo, es la de brindar una mano amiga a los habitantes de calle, convirtiéndose de madre a ‘Ángel Azul’, una actividad que tal vez muy pocas de sus amigas y vecinas no comparten o les da miedo realizar. Pero para ella este gesto es su pasión, su vocación, lo que la motiva a levantarse, arreglarse, ponerse su chaqueta azul, amarrarse bien las botas y salir a caminar todos los días invitando a los habitantes de calle a asistir a los servicios de la Secretaría Social: esa es la labor de los ‘Ángeles Azules’.

Su vocación en este trabajo lo llevaba en la sangre. Desde muy pequeña, su madre Rosalba Barrera, quién ahora la acompaña desde el cielo, le enseñó algo que muy pocas personas recordarían a esa edad, pero que sería el camino para su formación personal.

“Cuando era niña, mi mamá tenía una cafetería, en el barrio ‘Siete de Agosto’, y todos los días iban ‘gamincitos’ como les decían antes, a pedirle algo a mi mamá. Ella les decía que les daba de comer pero con la condición de que tenía que cambiar la vida, ellos renegaban y se iban. Una vez llegó un niño llamado Fabio, quien le pidió ayuda. Mi madre le preguntó por qué andaba en la calle, él le contó parte de su vida. Mi mamá sin pensar un minuto en nada, yo creo que fue un impulso de algo supremo, lo invitó a quedarse con ella. Ese día le cortó el pelo y lo metió al baño para que se duchara, dándole instrucciones desde la puerta como debía hacerlo. Ese niño creció con nosotros como un hermanito. Yo le enseñaba los números y él me enseñaba cosas del campo. A los 15 años de edad, decidió abandonarnos para ir a buscar a su familia. Luego de mucho tiempo volvió con un mensaje de sus padres para mi madre: mil gracias por lo que había hecho por él”, cuenta Shadybeth aún con entusiasmo.

Esas fueron algunas de las anécdotas que la impulsaron poco a poco a formarse como profesional y a ayudar a las personas. “Siempre que veía a mi mamá, imaginaba ser como ella, ayudar a mucha gente como ella lo hacía. Hoy siento que también tengo un ‘Ángel’ que me guía mucho en la vida y me ayuda a cumplir mi misión diaria”, agrega Shadybeth.

Tuvo la oportunidad de estudiar ‘Licenciatura Escolar’ en la universidad. Por cosas del destino, una de sus docentes la invitó a vincularse a una oportunidad laboral. Aquella profesora quizás notó las ganas de ayudar que esta joven universitaria tenía. Luego de tantas vueltas y firmas, finalmente se vinculó a la Secretaría de Integración Social, donde adelantaba labores con población en ejercicio de la prostitución.

Lastimosamente para Shadybeth, el inicio de su primer peldaño en la vida iría acompañado de un trago amargo: la muerte de su madre apenas Shadybeth comenzaba sus labores. “Ella estaría muy orgullosa de mi trabajo, es más hasta le darían ganas de acompañarme todos los días al trabajo”, menciona.

Entre sustos, alegrías, sorpresas y el llanto que a veces aparece en la intimidad, Shadybeth se encontró con cientos de historias, personas y vidas difíciles de entender y aceptar. La calle, las drogas, la prostitución y hasta la muerte era el diario vivir al que ella se veía enfrentada todos los días. Abordando a esta población en ejercicio de prostitución, encontró muchas situaciones de vida: unas por placer, otras por la búsqueda del sustento diario para llevar a un hogar.

Entre avenidas, se fue encontrando con los habitantes de calle, otra población a la que le llenaba el alma poder ayudar. Pasó a ser un ‘Ángel Azul’, como ahora les dicen a los casi 700 promotores y profesionales que a diario, en los centros de atención y en la calles, invitan a los habitantes de calle a que se acojan a los servicios de atención integral, motivándolos no solo a desarrollar acciones de cuidado personal, alimentación y dormitorios, sino también a recuperar sus familias, sueños y metas con inclusión social, oportunidad laboral, formación en artes y oficios, entre otros aspectos.

Ahora Shadybeth lidera un grupo en calle. Tiene 27 personas a cargo que recorren día y noche una zona perimetral en la localidad de Santa fe - Candelaria. Organiza rutas de atención, cronogramas, escucha necesidades, acompaña los recorridos y por encima de todas sus obligaciones, sigue llevando esa ayuda con vocación y entrega como su madre le enseñó desde muy pequeña.

“Lo más difícil es ver a alguien tan consumido en la droga y que no acepte poder cambiar. Es muy duro ver cómo un ser humano se va deteriorando y pierde su noción de vida, su cariño por su cuerpo, por la vida, por todo”, comenta Shadybeth.

Shadybeth sueña con tener una fundación para niños de hijos de habitantes de calle. En el barrio que la vio crecer, el ‘Siete de Agosto’, ahora observa algunas situaciones y quisiera llegar allí con ayuda y lograr un cambio en ellos, como lo hacía su madre en esa cafetería.

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Ángeles Azules de la Secretaría Social y su trabajo por los habitantes de calle
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Relato de una madre que es Ángel Azul de la Secretaría Social. Su labor por los habitantes de calle la hace feliz. Esta es su historia.

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