La historia del joven que logró su empresa gracias al Idipron

Los sueños de Carlos Castillo se esfumaron mucho antes de cumplir siquiera 21 años. Sus semanas transcurrían entre  rumbas, malas amistades y la calle. Pero su vida cambió después de que quiso recibir ayuda del Idipron.

Ahora tiene una microempresa de recreación y se graduó como técnico en programación de Software por medio del  Instituto  para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron).

Carlos recuerda cómo las drogas apagaron las ilusiones que tenía desde que era un niño. Siempre le decía a su mamá que estudiaría para ser un empresario, pero esas promesas quedaron a un lado cuando sus amigos le dieron a probar la marihuana.

“Todo me daba pereza. No me gustaba a hacer nada, no quería estudiar, me la pasaba en la calle o encerrado en mi habitación. Mis sueños se estaban yendo a la basura por culpa de las drogas”, recuerda.

Aunque Sandra Patricia, su mamá, buscaba la manera de atrapar los sueños que Carlos estaba dejando escapar, sus esfuerzos por lograrlo se iban arruinando.

Pero en medio de la desesperanza un día Carlos llegó a darle una buena noticia. Le contó  que se había inscrito para estudiar un técnico en el programa “Distrito Joven” de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Desde entonces, decidió dejar la marihuana por los libros y cuadernos, según él, lo que más lo motivó fue el subsidio económico que le darían por cada clase a la que asistiera.

"Un amigo me contó que además de la educación, el Idipron nos ayudaba con un sustento para cubrir nuestros gastos. Esto me motivó a inscribirme, pues ya no tendría que trabajar para poder estudiar, solo me dedicaría a sacar adelante mi título. El dinero que me pagaban lo iba guardando hasta que completé lo de comprarme una moto", dice el joven.

Con una nueva visión, Carlos inició una clase de emprendimiento laboral y los sueños que había dejado dormir  volvieron  a despertarse. Según él, gracias a la orientación de una de sus profesoras empezó a construir su empresa de recreación llamada la 'Fiesta de Crosty'.

Además fue uno de los 529 jóvenes que se graduaron de carreras técnicas en  Contabilidad, Desarrollo de Operaciones Logísticas, Mantenimiento de Equipos de Cómputo, Programación de Software, Recursos Humanos y Sistemas.

Hoy, Carlos agradece el esfuerzo que hizo su mamá, la labor del padre padre Wilfredo Grajales Rosas y  la oportunidad que le dio la entidad.

"Primero que todo le doy las gracias a mi mamá y al alcalde (Enrique Peñalosa) por apoyar estos proyectos. Con el dinero que me dieron por estar estudiando pude formar mi empresa la Fiesta de Crosty y comprar implementos como cámaras de humo, luces, micrófonos y todo lo que se necesita para realizar una excelente fiesta, sé que con esto podré sacar a mi familia adelante y sé que mi mamá se siente otra vez orgullosa de mí", dice Carlos mostrando el diploma que se ganó con esfuerzo.

Sandra con lágrimas en sus ojos abraza a su hijo y le dice "siempre creí que lo lograrías y voy a estar ahí para apoyarte, levantarte y guiarte cuantas veces sea necesario".

El director de Idipron, padre  Wilfredo Grajales Rosas felicitó a los jóvenes y sus familias  por el esfuerzo que hicieron por graduarse: “El compromiso que tiene la administración del alcalde Peñalosa con ustedes y con sus familias, es por que cree en ustedes, por ser la nueva fuerza de emprendimiento y productiva que sacará adelante nuestra ciudad”.

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