Los 4 colegios más ambientalmente chéveres de Bogotá

Este 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra y los estudiantes de los colegios distritales de Bogotá lo celebran mejor que nadie.

Actualmente, todas las instituciones educativas del Distrito trabajan y fortalecen la educación ambiental a través de los Proyectos Escolares Ambientales (PRAE), con los que estudiantes y docentes emprenden acciones que son ejemplo para la ciudad.

Estos proyectos están enfocados en la preservación del agua, la adaptación y mitigación al cambio climático, el manejo de residuos sólidos o la protección y bienestar animal. Estas iniciativas se consolidan día a día en las instituciones educativas oficiales de las 20 localidades de la ciudad gracias al proyecto ‘Énfasis en el fortalecimiento institucional de la gestión pedagógica’, incluido en la línea estratégica ‘Calidad educativa para todos’ de la actual política sectorial.

1. Colegio Luis Carlos Galán Sarmiento contra el cambio climático

La profesora María Betsabé Rueda y su grupo de investigadores ‘GAIA’ (además de traducir ‘madre tierra’ significa ‘Galanistas en Acción e Investigación Ambiental’) nos enseñan cómo la huerta del colegio es mucho más que un proyecto escolar.

Todos los días, alguno de los 1.500 estudiantes del Luis Carlos Galán Sarmiento visita este pequeño pulmón verde para cuidar, aprender, mitigar y participar. A esto se suma el trabajo constante con los vecinos que han encontrado en este espacio, un punto más de encuentro.

Pero la huerta no es lo único que esta inquieta comunidad educativa hace para proteger al planeta tierra. Una estación climatológica para monitorear los cambios en la atmósfera, continuas campañas de reciclaje, y una pantalla verde donde los más pequeños cultivan fresas y yerbas medicinales, son otras de las acciones que hacen de este un colegio comprometido con el cuidado del ambiente.

2. El colegio que quiere rescatar al río Fucha

En un trabajo en equipo que reúne estudiantes, maestros, vecinos y activistas, el colegio José Félix Restrepo en San Cristóbal lidera una cruzada para salvar uno de los más contaminados cuerpos de agua que recorren la capital.

Todos los sábados, estudiantes, docentes y vecinos, recorren la ronda del río para realizar jornadas de recolección de basura, residuos y siembra de árboles y plantas nativas.

De los 1.200 kilómetros que tiene el río Fucha, ‘Ecologismo Colectivo Ambiental’ ha recuperado 1.3 kilómetros. Eso sólo representa el 2% de este cuerpo de agua, pero para este colectivo ese número no es desalentador. Todo lo contrario. Para ellos, se trata de lo que alguna vez dijo el estadounidense Howard Zinn: “Si la gente pudiera ver que el cambio se produce como resultado de millones de pequeñas acciones que parecen totalmente insignificantes, entonces no dudarían en realizar esos pequeños actos”.

3. Colegio Francisco José de Caldas: un santuario de aves

Colombia es el país del mundo con mayor número de especies de aves. El Colegio Francisco José de Caldas alberga diariamente a cerca de 600 plumíferos, convirtiéndolo en un santuario donde se educa una generación de guardianes de la vida.

‘Espiando aves’ es el nombre de este proyecto que promueve la ética del cuidado por la naturaleza mediante el avistamiento de aves, adecuación de bebederos y comederos, y siembra y cuidado de árboles y plantas que sirven de alimento a colibríes, tinguas, mirlas, copetones, cucaracheros, chamones y torcazas que, encontraron en esta institución, un oasis en medio de la ciudad.

“Esta iniciativa, además de tener un componente ambiental donde se enseña a cuidar el medio ambiente, a proteger las especies nativas y a generar en las niñas y niños una responsabilidad sobre la naturaleza que nos circunda, también tiene un componente pedagógico muy fuerte”, dice Nancy, una profesora de corazón verde.

4. El reciclaje revivió a los dinosaurios en este colegio de Ciudad Bolívar

Conozca el Museo Itinerante de Historia Natural del colegio Confederaciones Brisas del Diamante, hecho al 100% con materiales reciclables.

Buscando una forma de hacer la clase de ciencias naturales más entretenida y participativa, el profesor Johny Sánchez y varios de sus estudiantes de grados 9º, 10º y 11º, decidieron ‘darles vida’ a los animales y plantas que estudian en los libros y empezaron a modelar con papel reciclado y pintura: volcanes, sistemas solares, células y cuanta cosa se les ocurrió.

“De ahí salió la idea de hacer el dinosaurio. Dijimos: qué chévere hacer uno con todos sus detalles, pero más chévere aún hacerlo de tamaño real, escala 1 a 1. Entonces conseguimos el papel, los plásticos y la pintura y nos pusimos a trabajar. Yo siempre he tenido ese gusto por las manualidades, pero nunca había hecho nada de este tamaño”, recuerda el profe Johny.